VIVIR LA VIDA A PLENITUD
Todos experimentamos los buenos deseos de organizar nuestra vida, saber dónde estamos, para dónde vamos, con qué material contamos y qué suerte recibir orientaciones para plasmar nuestros anhelos en lo concreto. En nuestro grupo de socioantropología hay diversas maneras de pensar, diferentes edades y ambientes. Admiro y disfruto del mundo juvenil expresado por los compañeros jóvenes, ellos y ellas: un mundo de color, acción, alegría, creatividad, un poco diferente del mundo de los que ya hemos pasado de los 30 años.
Esta reflexión me ha hecho mirar tres generaciones presentes en mi comunidad: Las jóvenes aspirantes a la vida religiosa y hermanas jóvenes con edades que oscilan entre los 20 y 30 años; las Hermanas que ya llevan un buen trecho recorrido, entre 35 y 50 años y la tercera generación de las Hermanas que han vivido 70 y 75 años.
Me he acercado a las jóvenes, a sus sueños, se sienten con alas, con ganas de volar; su corazón fogoso quiere darse con generosidad y compromiso a los más necesitados, a veces les falta un poquito de realismo, pero lo van aprendiendo en su caminar. Al hablar con mis hermanas de la segunda generación, percibo una vida en todo su esplendor, un caudal de dinamismo para trabajar con la gente, objetividad para analizar los sucesos de la vida cotidiana y la entereza para seguir avanzando entre caídas y levantadas. Por último, las hermanas que ya están en el ocaso de la vida, viven e irradian paz y tienen para ofrecer la sabiduría que sólo el paso de los años bien vividos la dan.
El leer los artículos recibidos en la asignatura, me han inspirado vivir con mucha intensidad, disfrutar de la vida, vivirla a plenitud. Sí, que el joven siga soñando y actuando; que el adulto no se tome demasiado en serio y que el anciano disfrute de lo mucho que ha ganado en ese camino de aparentes pérdidas.
Beatriz AguilarProgr. Filosofía y Educación Religiosa

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