lunes, 20 de octubre de 2025

La música como puente de transformación humana

La música como puente de transformación humana



La música como mediación de cambios de la diversidad humana, desde las sonoridades del cuerpo hasta la acción política del arte, se exploran experiencias creativas y educativas que permiten comprender cómo el sonido puede ser una herramienta de cambio, inclusión y diálogo cultural.



1. Las musicalidades en tensión.

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La música no solo es escucharla, se representa tanto en los cuerpos, en los gestos, en las memorias colectivas que desafían la homogeneización cultural “Las musicalidades en tensión” recoge imágenes y símbolos que revelan cómo el sonido puede ser un campo de disputa entre el control y la libertad. A lo largo de la historia, las prácticas musicales han sido utilizadas para normalizar los cuerpos como para resistir a la opresión. Durante el régimen franquista, por ejemplo, la música y la danza fueron instrumentalizadas para imponer una identidad femenina y nacional homogénea, invisibilizando las diferencias. Frente a ello, emergen cantos colectivos y folclores reapropiados por mujeres y comunidades que transforman la obediencia en memoria y la uniformidad en diversidad.

El poder creativo de los cuerpos diversos: intérpretes con partituras en braille, instrumentos adaptados o construidos artesanalmente y pedagogías que surgen fuera de los conservatorios tradicionales: estas expresiones rompen con los modelos eurocéntricos y abren caminos hacia una educación musical inclusiva, situada y comunitaria. Así, la música se convierte en un lenguaje de resistencia y afirmación identitaria. En su pluralidad de voces, cuerpos y territorios, la música enseña a escuchar el mundo desde la diversidad y a transformar el acto sonoro en un gesto de emancipación.




2. Sonidos claros e inclusivos


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La música ha sido históricamente un lenguaje de denuncia, un espacio donde las comunidades expresan su dolor, su esperanza y su rebeldía: más que un arte, es un lenguaje político que da forma a la memoria, la identidad y la resistencia de los pueblos; en cada canto, cada ritmo, se escucha la historia de quienes han luchado por existir y mantener viva su cultura frente a las fuerzas de la homogeneización. “Sonidos claros e inclusivos” muestra los cantos de resistencia de los pueblos afrodescendientes, las letras feministas que exigen igualdad, los himnos de libertad en contextos de represión o exilio. Cada canción se convierte en un acto de memoria y transformación. En esta perspectiva, la música no se limita al escenario ni al mercado: vive en los rituales, en las danzas comunitarias, en los cantos que cruzan generaciones.

Los pueblos indígenas, afrodescendientes y campesinos han utilizado el sonido como herramienta para nombrar el dolor, celebrar la vida y defender la tierra. Ejemplos como el rap palenquero de Kombilesa Mi o los cantos amazónicos que protegen los bosques son expresiones de un arte que no busca fama, sino dignidad y protección.

Estas manifestaciones recuerdan que toda creación musical es también una acción educativa. Enseñan a escuchar con empatía, a reconocer la pluralidad de saberes y a valorar las voces que históricamente fueron silenciadas. La música se convierte así en una pedagogía del encuentro, donde la diversidad no se tolera, sino que se celebra. Desde la escuela, asumir esta mirada significa transformar la enseñanza musical: dejar de formar ejecutantes homogéneos para formar escuchas críticos, sensibles y comprometidos con la justicia cultural. Cuando la educación reconoce los sonidos del río, del cuerpo o del barrio como parte del aprendizaje, convierte la música en una práctica viva, política y profundamente humana. Escuchar la música de los pueblos es escuchar también sus resistencias, sus sueños y sus territorios. Solo cuando todas las voces pueden sonar con igual dignidad, la música alcanza su verdadero sentido: ser puente, ser transformación y ser libertad.


3. Paisajes sonoros de la diversidad


1. Principales expresiones culturales de tensión ante la normalización de la música y los cuerpos: En la historia de la música occidental, la noción de “normalidad” ha limitado lo que se considera bello o legítimo, excluyendo cuerpos diversos por género, origen o capacidad. Esta exclusión se refleja en los repertorios, gestos y técnicas valoradas dentro de la enseñanza musical; sin embargo, emergen expresiones que desafían esas normas, mostrando intérpretes que transforman instrumentos, mujeres que practican la danza y el canto como libertad, comunidades que convierten la música en memoria colectiva. La música se vuelve así un campo de disputa simbólica entre la homogeneización y la diferencia. Mientras la industria busca estandarizar, las prácticas locales reivindican la autenticidad y la experiencia del cuerpo que vibra y crea. Reconocer estas tensiones implica aceptar múltiples formas de sentir y producir música. Cada cultura y cuerpo aporta su propia musicalidad. La educación musical, por tanto, debe abrirse a la diversidad sonora y corporal como fuente de conocimiento, creatividad y transformación social.

 

2. Principales expresiones a través de la música como acción política y transformadoraLa música es un lenguaje simbólico que transmite la historia, memoria y las luchas de los pueblos, desde tiempos antiguos, ha sido una forma de comunicación que preserva la identidad y la herencia cultural: asumirla como acto político implica reconocer su poder transformador y su capacidad para cuestionar las estructuras que imponen una sola forma de sentir o crear. Las miradas antihegemónicas invitan a entender la música más allá del precepto occidental, integrando cuerpo, naturaleza y comunidad. Este enfoque valora la experiencia colectiva y la oralidad por encima de la técnica o la sofisticación. Los pueblos indígenas, afrodescendientes y campesinos se reconocen como guardianes de saberes musicales que expresan resistencia y espiritualidad, su música no busca el mercado, fortalece es la conexión con la tierra y los ancestros. En ella habita una fuerza educativa que transforma, preserva la memoria y celebra la diversidad como principio vital y político.

 


3. Mediación educativa: Realizamos una exploración, por diferentes situaciones de nuestra vida diaria donde se reunieron diferentes sonidos con imágenes y se mezclaron: descubrimos y tenemos presente que todos los sonidos tienen valor: los del mercado, del río, naturaleza o de nuestra voz. Juntos crean un paisaje que nos representa y nos une. La música no solo está en los instrumentos, también en la vida diaria, en lo que somos y compartimos. Esta experiencia nos enseña que escuchar al otro también es una forma de educar, transformar, tener empatía y respeto hacía los demás.




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En este contexto, la música y el paisaje sonoro se convierten en herramientas educativas valiosas. A través de la percepción auditiva, se puede explorar la relación entre música, emoción y entorno, fomentando la valoración y conservación del paisaje natural. Los estudiantes asocian los sonidos de la naturaleza con instrumentos de cuerda y viento, los de origen humano con percusión y metales, evidenciando la conexión entre sonido y experiencia sensorial: cuando se fomenta el uso de las TIC y de recursos como los musicomovigramas permite integrar lo científico, lo artístico y lo ambiental, enriqueciendo la formación docente desde una perspectiva holística. En definitiva, estas estrategias favorecen una educación transformadora, sensible al entorno y comprometida con la responsabilidad social, profesional y ciudadana. 

La innovación docente impulsa al profesorado a mantenerse actualizado y a buscar nuevas formas de enseñanza que respondan a las necesidades del alumnado actual. Este proceso requiere compromiso profesional y condiciones adecuadas, ya que busca generar experiencias de aprendizaje significativas que fortalezcan habilidades como el razonamiento, el análisis y la interacción colaborativa.


REFERENCIAS


Botella, A. M., Hurtado, A., y Ramos, S. (2019). Innovación y TIC en el paisaje sonoro de la música festera a través de la creación de musicomovigramas. Vivat AcademiaLinks to an external site.. Revista de Comunicación, (147), 109-123

Colás, P. y Hernández, G. (2017). Itinerarios formativos del profesorado de música: Sus percepciones sobre el valor didáctico de las TICLinks to an external site.Revista Fuentes, 19(1), 39-56

Cruz, E. (2021, 26 de agosto). La resistencia indígena en Colombia [Video]. YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=jgcht6nzCD8

García, D., & Pérez, C. (2017). Música, educación e ideología por y para mujeres de la Sección Femenina a través de los contenidos de Y. Revista de la mujer nacional-sindicalista y Medina (1938-1946). Historia y Comunicación Social, 22(1), 123–139. https://doi.org/10.5209/HICS.55903 

Escorihuela, G. (2020) Música, mujeres y educación. Composición, investigación y docencia. Valencia: Universitat de València. Revista Electrónica Complutense de Investigación en Educación Musical, 17, 161-162.

Rodrigo, I., Rodrigo, L. y Mañas, L. (2020). Educación, valores, tecnología y música. Hacia un modelo inclusivo que apueste por la igualdad y las relaciones interpersonales. Revista Electrónica Complutense de Investigación en Educación Musical, 17, 33-47.

Santiago, I., & Cruz, P. (2018). Diálogos sobre el cuerpo desde la sonoridad y el designo. Polyphōnia. Revista de Educación Inclusiva, 2(2), 199–219.




jueves, 13 de noviembre de 2008

CULTURA Y SOCIEDAD


LOS GRAFFITIS
Graffiti traduce “PALABRAS SOBRE EL MURO” y hace referencia a inscripciones o pinturas, generalmente sobre propiedades públicas o privadas ajenas (como paredes, vehículos, puertas y mobiliario urbano, especialmente pistas de skate).
Son expresiones que representan el sentir y el pensar de todo un pueblo. Los grafitis además de ser medios de opinión, son soportes que sirven para expresar opiniones en un sentido unico sarcástico. La relacion que existe entre los grafitis y la "cultura y sociedad" es que precisamente las opiniones sobre las paredes son tan efectivas que a fuerza de opinar masivamente de este modo se convierte en hábito y el hábito es lo que hace que una acción forme parte del entorno social de una localidad o región.
El graffiti es uno de los cuatro elementos básicos de la cultura hip hop, donde se llama grafo o graffiti a un tipo específico.

martes, 11 de noviembre de 2008

VIVIR LA VIDA A PLENITUD

Todos experimentamos los buenos deseos de organizar nuestra vida, saber dónde estamos, para dónde vamos, con qué material contamos y qué suerte recibir orientaciones para plasmar nuestros anhelos en lo concreto. En nuestro grupo de socioantropología hay diversas maneras de pensar, diferentes edades y ambientes. Admiro y disfruto del mundo juvenil expresado por los compañeros jóvenes, ellos y ellas: un mundo de color, acción, alegría, creatividad, un poco diferente del mundo de los que ya hemos pasado de los 30 años.
Esta reflexión me ha hecho mirar tres generaciones presentes en mi comunidad: Las jóvenes aspirantes a la vida religiosa y hermanas jóvenes con edades que oscilan entre los 20 y 30 años; las Hermanas que ya llevan un buen trecho recorrido, entre 35 y 50 años y la tercera generación de las Hermanas que han vivido 70 y 75 años.
Me he acercado a las jóvenes, a sus sueños, se sienten con alas, con ganas de volar; su corazón fogoso quiere darse con generosidad y compromiso a los más necesitados, a veces les falta un poquito de realismo, pero lo van aprendiendo en su caminar. Al hablar con mis hermanas de la segunda generación, percibo una vida en todo su esplendor, un caudal de dinamismo para trabajar con la gente, objetividad para analizar los sucesos de la vida cotidiana y la entereza para seguir avanzando entre caídas y levantadas. Por último, las hermanas que ya están en el ocaso de la vida, viven e irradian paz y tienen para ofrecer la sabiduría que sólo el paso de los años bien vividos la dan.
El leer los artículos recibidos en la asignatura, me han inspirado vivir con mucha intensidad, disfrutar de la vida, vivirla a plenitud. Sí, que el joven siga soñando y actuando; que el adulto no se tome demasiado en serio y que el anciano disfrute de lo mucho que ha ganado en ese camino de aparentes pérdidas.
Beatriz Aguilar
Progr. Filosofía y Educación Religiosa

martes, 28 de octubre de 2008

EVOLUCIÓN CULTURAL

Por
Javier López

EVOLUCIÓN CULTURAL

Buenas noches.

Según la definición de evolución de la cultura nos encontramos que evolución cultural son todos aquellos cambios que ocurren en las sociedades y son adaptados como estilos de vida, los cuales llamamos culturización o progreso cultural, pero en realidad creo que solo es un desarraigo de la cultura donde se utilizan los medios de comunicación como principal herramienta para cambiar los ideales autotonos que tienen los humanos por unos estilos de vida que son ficticios e inalcansables terminado por dejar a las personas sin identidad.



EVOLUCIÓN Y CULTURA.


Se entiende por evolución cultural el cambio a lo largo del tiempo de todos o algunos de los elementos culturales de una sociedad (o una parte de la misma). La evidencia muestra que, la cultura -usos, costumbres, religión, valores, organización social, tecnología, leyes, lenguaje, artefactos, herramientas, transportes-, se desarrolla evolutivamente por la acumulación y transmisión de conocimientos para la mejor adaptación al medio ambiente.

EVOLUCIÓN Y CULTURAPor Pausanias el Ácrata

Hasta mediados de los años 60 e, incluso, principios de los 70, la antropología como ciencia social había respondido ante la diversidad cultural humana de una manera sencilla y tajante: la evolución de las sociedades sapiens sapiens, se definía por un afán de mejora, por la adaptación de sus conocimientos cada vez mayores para mejorar la calidad de vida del grupo. De esta forma, y conforme a esta creencia comúnmente aceptada, la evolución de la especie humana se representaba como una línea ascendente, que unía directamente la prehistoria del Homo sapiens sapiens, aquellos albores de nuestra especie, con nuestro presente occidental lleno de confort y facilidades. Se consideraba que nuestra sociedad, o al menos la sociedad isabelina del siglo XIX, que parió esta concepción, como culmen de la evolución cultural, y hacia la que tendían todas las sociedades humanas conocidas. Las diferencias palpables entre ellas, respondían al grado de evolución en que dicho grupo social se encontraba. Cuanto más alejado del modelo europeo se situaba más atrasada y primitiva se consideraba una cultura, siendo esta catalogada de incivilizada, y sus miembros de primitivos, salvajes... Por el contrario, si percibían formas embrionarias o en estado latente de desarrollo, que apuntaran hacia el ideal europeo de civilización, esa cultura, estaría más próxima al punto más alto de aquella línea imaginaria que es la evolución. Y de esta forma simple se resolvía un problema que hoy se considera trascendental en la antropología, etnología, arqueología y sociología: el nacimiento de jefaturas, las jefaturas avanzadas, una mayor complejidad social, el nacimiento de clases diferenciadas, los ejércitos, la tributación, los soberanos, los dirigentes y, al fin, el Estado segmentario (en términos de Aidan Southall) y el Estado tal y como hoy lo conocemos. Para estos evolucionistas del siglo XIX, pensadores de la linealidad, y todos los que en el siglo XX se hicieron eco de aquellas ideas y teorías que situaban a cada sociedad en un lugar determinado de esa raya invisible, conforme a su cercanía o lejanía a nosotros, el Estado surgiría como una forma de evolución hacia algo mejor, o sea, nosotros. Todos los avances que se discernían en las culturas pasadas eran para mejor, para llegar a lo que hoy somos y representamos (de ahí avance, engañosa palabra). La alfarería, la agricultura, las religiones... eran “inventos” que jalonaban el camino hacia la civilización. Si una etnia no empleaba la agricultura y permanecía anclada en patrones de nomadismo, caza y recolección, era síntoma de un atraso cultural importante y se la encorsetaba dentro de términos peyorativos y juicios de valor negativos. Primitivos, salvajes, sin civilizar..., lo cual no dista demasiado de lo que, aún hoy día, mucha gente puede pensar de culturas enraizadas en estas formas ancestrales de supervivencia y adaptación ambiental.
Este evolucionismo, como cuerpo de doctrina pervivió hasta mediados de los años 60 y principios de los 70, momento en el cual una serie de investigadores sociales comenzaron a cuestionar esta forma de entender la vida cultural en nuestro planeta. Gente como Marshall Sahlins, Freíd, Julian Steward, etc..., empezaron a plantearse que las divergencias culturales existentes en todo el globo, podrían bien deberse a adaptaciones medioambientales, a respuestas diferentes del ser humano ante diversos nichos ecológicos. El carácter de gradualidad que los evolucionistas conferían a las culturas, se diluye en la nueva interpretación antropológica. La revolución en arqueología y antropología, comienza de la mano de nuevas concepciones que rompen con la tradición marcadamente racista anterior, y abren un cortafuegos entre ella y el nuevo pensamiento. En arqueología, la nueva escuela inglesa opta por iniciar investigaciones en aspectos antes obviados. Comienza así la arqueología del medio. Se buscan nuevos campos metodológicos, empezando por recopilar nuevos datos en la investigación de campo, que respondan a nuevas y revolucionarias cuestiones.
Por su parte, la antropología, profundamente ligada a la arqueología, también inicia su particular revolución. El evolucionismo pasa a mejor vida, archivado su contenido racista y lineal, y se empieza a admitir una evolución multilineal, eliminando de la palabra “evolución” cualquier implicación de graduación o mejora. Así, y respondiendo a los nuevos criterios, se desviste los viejos mitos y conceptos de su hálito de mejora. La agricultura, los Estados y demás concepciones antes tomadas como pasos adelante en el camino recto de la evolución, comienzan a analizarse de manera crítica y se comprenden como lo que son: adaptaciones forzosas del ser humano en ciertos lugares, a un medio ambiente agotado y resentido que no deja otras opciones. Los análisis arqueológicos de la Nueva Arqueología arrojan un halo de luz en estos estudios. Cambios climáticos, demográficos, extinción de flora y fauna, llevan al ser humano a aceptar técnicas que ya conocían, pero se limitaban por su carencia de utilidad. Y es que realmente, la agricultura requiere un esfuerzo mayor, más tiempo y menos libertad para el Homo sapiens sapiens que sus costumbres atemporales de caza y recolección. Si se acepta la agricultura como nueva forma de producción, es debido a condiciones excepcionales. Y lo mismo puede decirse de la aparición paulatina de jefaturas, jefaturas avanzadas y, al final, el Estado con todo su aparato y carga burocrática. Una vez el Holoceno desplaza al Pleistoceno, y la agricultura poco a poco se acepta como último recurso en la adaptación del ser humano, la organización en bandas y sociedades igualitarias, con libre e idéntico acceso al medio y a los recursos, se va viendo indefectiblemente modificada hacia nuevas formas de poder. Si estas fueron aceptadas en detrimento de un antiguo modo de vida más igualitario y libre, fue debido a necesidades mayores y no, como interpretaban (e interpretan) los evolucionistas, a un camino ascendente hacia el progreso. Los estudios a partir de los años 70 que se han dado en arqueología y antropología, demuestran una caída importante en las condiciones de vida de los pueblos agrarios y estatalizados, al menos en lo que respecta a esa mayoría que es la encargada de producir los bienes de consumo y suntuarios para la elite dominante recién nacida. Estudios de Lee entre los ¡kung de Sudáfrica, al igual que otros realizados entre indígenas de la Amazonía, demuestran una media de trabajo diario entre tres y cuatro horas, tiempo que distribuye cada cual como su propio jefe, tal y como desea, y lo emplea en el quehacer que cree necesario por sí mismo: fabricación de utensilios, caza, pesca, recogida de leña, preparar una hamaca o choza... La agricultura requiere de un mínimo de ocho horas, más o menos, y una sedentarización parcial o total según el nivel agrario del pueblo en cuestión. Preocupación por el clima, preparación del campo, tala de árboles, eliminación de rastrojos, siembra, obras de regadío, mantenimiento de las parcelas... A esto hay que añadirle el riesgo extra que suponen las malas cosechas, heladas, plagas... que hacen de la agricultura una técnica no tan segura como se quiso ver en su momento. Además, la totalidad de sociedades que inician este cambio productivo lo acompañan de otro a nivel social, que lleva a una mayor complejidad social, aumento demográfico, ascenso de cabecillas y autoridades, mediadores entre lo sobrenatural y el hombre, y finalmente, directamente hacia el Estado con todas las cargas y tributaciones que ello supone.
Así, en los años 70, y gracias a las nuevas investigaciones, se viene a eliminar esa visión tan extendida del nómada agrupado en bandas, como un ser hambriento y asustado, temeroso de hambrunas y enfermedades, ignorante e incivilizado, para pasar a ocupar su sitio en la historia del ser humano, enriqueciendo la diversidad cultural de nuestro planeta. Mientras algunas de estas bandas no pudieron evitar la adopción de la agricultura, y la revolución social que a corto plazo esta técnica implica, otras bandas consiguieron merced a mejores ecosistemas o a un mayor apego a su medio de vida tradicional, conservar su forma de cultura de caza-recolección y la integración en pequeños grupos igualitarios, adaptados perfectamente al medio que les acoge. Los Estados nacientes no consiguieron mantener ese equilibrio con el medio y los desórdenes ecológicos que producen, al intensificar la producción en pro de un aumento demográfico sin precedentes, se alargan hasta hoy día.
De esta manera, y a partir de los años 70 el Estado así como todos los mecanismos, técnicas productivas y tecnología que facilitan su existencia, dejan de ser entendidos como una forma superior de organización y se pasa a concebir como una forma paralela de evolución a la tradicional, conservada por cada vez menos pueblos en el globo. Incluso se comienza a considerar este nuevo marco de organización como una forma más dañina y menos adaptada para con el medio que la caza-pesca-recolección nómada, encuadrada en pequeños grupos que no acaben con los recursos.
Sin embargo y pese a todo, lo expuesto tan sucintamente en las líneas superiores, aún hoy día es una creencia muy difundida entre la población en general, que nuestra superioridad técnica y moral, nuestro avance y progreso, nuestro “mejor” nivel de vida nos hace más “evolucionados” y más afortunados que esos “primitivos” que permanecen anclados en un pasado muerto y superado por nuestros medios materiales. La visión de salvajes ignorantes es difícil de desechar de nuestra mente colectiva, un pensamiento tremendamente eurocentrista, tan ensimismado en aplaudir nuestros propios logros, que no puede reconocer los fracasos de nuestra cultura y nuestros Estados para organizar una mejor vida, acorde a tantos “avances” materiales que han acabado reducidos para unos pocos. Realmente, existe poca diferencia entre el lujo y los placeres que rodeaban al totalitario ahau maya de los que ostenta hoy día un yuppi triunfador, director de grandes corporaciones. Mientras el campesino maya desbrozaba la milpa o trabajaba en las grandes empresas diseñadas por y para la elite de su gente, el obrero actual, aquel afortunado en poseer trabajo, suda por el beneficio y ensalzamiento de la plutocracia dirigente, que posee bancos, empresas, entidades económicas y gobiernos. Realmente, ¿qué nos hace tan superiores?

lunes, 27 de octubre de 2008

Los invito a observar este video, es un ejemplo claro del impacto que la cultura de masas causa a nuestra sociedad, usando como principal instrumento los medios de comunicación.

¿Creen ustedes que el consumismo en el que vivimos está robando la autonomía, la identidad y la voluntad de las personas?

domingo, 26 de octubre de 2008

Socioantropologia

Orly muchas gracias por la informacion espero que este aporte sea de todo el interes de los participantes del blog
Socioantropologia
Resaltar la importancia de la socio-antropología en la formación humanística Fomentar una actitud reflexiva, analítica y crítica frente a las complejidad bióticas, culturales, sociales y ambientales en el transcurso de la humanidad. Contribuir en la formación de un profesional integro que favorezca el desarrollo social colombiano y participe en la solución de los conflictos familiares, organizacionales y sociales. Específicos Encontrar el punto de convergencia entre la sociología y la antropología. Identificar los cambios que se han presentado durante el desarrollo de la humanidad en relación con la diversidad socio-cultural. Analizar la información sobre las teoría del origen y evolución del hombre. Indagar acerca de los procesos de aculturación en relación con los valores y aspectos religiosos, míticos, éticos y estéticos que presentan las sociedades. Comprender cómo los factores económicos y sociales ejercen impacto sobre la cultura y el comportamiento social. Realizar una primera aproximación socio-antropológica a fenómenos actuales como las mega tendencias, la globalización, la modernidad y el postmodernismo en relación con el desarrollo humano. Elaborar investigaciones documentales o de campo que faciliten la comprensión de los conceptos analizados en el plano de la socio-antropología. Lograr una aproximación a las problemáticas socio-culturales nuestras a la luz de la socio-antropología.
Publicado por Ciro en 19:18 0